Manolo Millares en la memoria de un poeta

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Compartimos con todos vosotros la reseña que hace Cecilia Domínguez Luis en El Perseguidor/Diario de Avisos del poemario Las geografías circundantes de nuestro queridísimo amigo y miembro de Cuenca Abstracta Samir Delgado.

Cuando un escritor -en este caso un poeta- elige como protagonista o fuente de inspiración a un artista relevante, como es el caso de Manolo Millares, un artista plástico de fama internacional, se encuentra con unos límites marcados por la obra del artista, que parece indicarle el camino a seguir. Claro que esos límites son solamente externos y su superación o acomodo depende del propio poeta.

En el caso del libro que nos ocupa, su autor, Samir Delgado ha sabido enfrentarse a esos límites, de tal manera que, siguiendo su propio camino, ha sabido encontrar el territorio propicio para ofrecernos sus geografías circundantes.

Libro

Si la palabra aquí se vuelve reivindicativa de la memoria, como lo hace la pintura de Millares, la vida de este pintor forma parte también de ese imaginario poético que Samir va desgranando a lo largo de las tres partes en las que se divide el libro.

En esta primera parte, aún existe variación de color en los cuadros de Millares. Espirales, figuras geométricas, ocres, verdes, azules, rojos, negros, con lo que nos habla de ese pasado, de la cuadrangulación/de una isla interior:/un objetivo íntimo, al mismo tiempo que aparece el deseo de recuperación de los juguetes perdidos en la playa.

Pero la vida avanza y, con ella, la mirada del pintor que necesita explorar otros  medios para expresar su postura frente a la existencia.

Y las arpilleras comienzan a dar forma a ese mundo que se va tornando hostil o, al menos, no deseado.

Y aparece la necesidad del viaje, de la marcha de esa Ítaca que llega a agobiarlo pero cuyo alejamiento hace que encumbre todas las distancias. Así lo expresa el poeta en su poema “Millares, 1955”, a través de un yo del pintor que es, a su vez, el yo del propio poeta.

La arpillera surge con rotundidad, como lo hace el poema de Samir cuando dice: LA MANO y el hilo/ tuercen al punzón/ su abrigo de junco.

Aún quedan dos grandes hitos para la vida y arte de Millares: la fundación del grupo El Paso, recogido en un texto que, a manera de carta  a Cirlot, habla de la preocupación de una serie de artistas para ofrecer una visión crítica y comprometida ante la realidad, tanto artística como vital.

cuenca abstracta

El otro gran hito es la aparición del “Homúnculo” que, según Paracelso, es una criatura del subsuelo, lugar en el que encuentra todo lo que necesita, y al que el poeta pregunta acerca de sus propias preocupaciones existenciales.

Con estas preguntas se inicia la segunda parte del libro, “Los escombros”.

Todos sabemos que los escombros son materia de desecho que provienen de cualquier derribo, ya sea real o imaginario, físico, moral o ético.

Aquí, el poeta pone en palabras esa necesidad de demolición, de bajada a los infiernos, para `poder resurgir de entre nuestras propias ruinas. Y los colores se convierten en símbolos de esta destrucción necesaria. El negro, el rojo y el blanco se convierten en símbolos de la muerte, del acabamiento, pero, al mismo tiempo de denuncia, de lucha contra los espantajos de la guerra, las injusticias, el dolor.

Esta vez, arte y poesía se unen en la denuncia, en la reivindicación de la libertad, a pesar de la oscuridad aparente de “La galería de la mina”, poema diecisiete, o del “Asesinato del amor”, poema dieciocho, donde UNA BALA/ ensangrenta/ las sienes/ de la víctima/ eros yaciente/ en el semisótano/ de la eternidad

En esta parte, la evocación de un poeta como Miguel Hernández no es baladí, pues el poeta oriolano conoció muy bien las sombras, el amor truncado por una muerte injusta. El derrumbe.

Pero se hace preciso salir de la oscuridad, resurgir de los propios escombros, y hacerlo con un grito; un grito al rojo vivo, con el que empieza la última parte de este libro, “El grito”, donde “El gran díptico” viene a ser una clave de sol/ en la densa armadura/ para orquesta sinfónica/ del gran díptico universal

La vida de Millares vuelve a estas páginas en el poema veintinueve, donde Samir Delgado hace una interpretación muy personal y poética de la película documental sobre el pintor titulada, precisamente Millares, donde la muerte, duración inversa, protagoniza casi todos sus versos.

Artista y poeta saben que hay que excavar, hundirse en la corriente de la vida y la muerte, para brotar, como lo hacen las semillas. Y el blanco y el negro apuestan, junto al grito del primer hombre, por el vuelo de las palomas.

Blanco y negro, negro y blanco que cierran este bello libro, en un poema sin título con el que se despide al artista.

Samir Delgado ha sabido encontrar la luz que despide las arpilleras de Millares. Ha sabido excavar en las profundas derrotas y victorias de un artista universal, y viajar, de su mano a los lugares profundos de nuestro origen, de nuestro ser y estar en este mundo terrible y hermoso, a pesar de todo.